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domingo, 26 de enero de 2014

Capítulo 16: Engaño al límite

Los gritos de Alexa se escuchaban por todo el piso de la revista. Ya los empleados comenzaban a curiosear y Rosita extrañada se dirigió a la oficina de la histérica muchacha.



-Abuela, si yo fuera tú no entraría a esa oficina -le detuvo Juan Camilo.

-¿Pero por qué Alexa está así? -preguntó Rosita- ¿Qué es lo que le pasa?

-Eh… yo creo que le afectó mucho la noticia del robo -mintió Juan Camilo.

-Pues sea lo que sea, no puedo permitir que Alexa siga con ese comportamiento -dijo Rosita entrando a la oficina junto con Juan Camilo.

-¡Lárguense! Quiero estar sola -dijo Alexa llorando amargamente con el maquillaje totalmente corrido.

-Por Dios Alexa, ¿por qué estás así? -preguntó Rosita muy preocupada- ¿Qué es lo que te pasa hija?

-¿Quieres saber realmente lo que me pasa? -preguntó Alexa.

-Abuela, es mejor dejar a Alexa sola -intervino Juan Camilo para evitar que Alexa pudiera decir algo-. Sólo está afectada por el robo que le hicieron a +Sound.

-¿Es eso lo que te pasa Alexa? -preguntó Rosita.

-No abuela -respondió Alexa-. Juan Camilo solo está intentando evitar que pueda decir la verdad, pero ya no más. Lo voy a confesar todo, absolutamente todo.

-¿Pero de qué verdad estás hablando? -preguntó Rosita muy consternada- No entiendo nada, habla claro Alexa.

-Alexa, por favor no vayas a decir nada de lo que te puedas arrepentir después -intervino nuevamente Juan Camilo-. La abuela ya ha recibido muchos golpes por hoy. No le compliques más la vida, por favor.

-No, tú cállate Juan Camilo -dijo Rosita-. Necesito saber qué es lo que está pasando contigo Alexa, que es lo que se traen entre manos ustedes dos y habla ya por favor. No me sigas ocultando nada.

-Abuela… la verdad es que yo -dijo Alexa rompiendo en llanto-. Yo…

En ese momento, Alison llegó a +Sound con Paolo y Nicky y viendo los cuchicheos entre los empleados, Alison se atrevió a preguntarle a una secretaria que sucedía:


-¿Qué está pasando Helena? -preguntó Alison- ¿Pasó algo más a parte del robo?

-Pues no lo sé con certeza señorita Alison -respondió Helena, la secretaria-. Es que hace unos momentos, su hermana, la señorita Alexa comenzó a gritar histérica en su oficina y a tirarlo todo. Doña Rosita y el señor Juan Camilo están ahí dentro.

-Gracias Helena -le agradeció Alison y se encaminó a la oficina de Alexa para ver que sucedía.

-Abuela, lo que pasa es que yo soy la culpable de... -dijo Alexa apunto de confesar todo, pero se detuvo justo cuando Alison entró a la oficina.

-¿Qué es lo que está pasando? -preguntó Alison- Me dijo Helena que Alexa había tenido un ataque de histeria hace unos momentos. ¿Es eso cierto?

-Sí, es cierto Alison -respondió Rosita-. Precisamente iba a contarme a que se debían sus nervios cuando entraste, así que te escuchamos Alexa. ¿De qué eres culpable?

-Bueno, yo… yo, la verdad es que solo eran los nervios abuela -mintió Alexa.

-¿Nervios? -se sorprendió Rosita- ¿Pero nervios de qué?

-Solo confórmate con saber que estaba nerviosa, estresada, tensa, eso -dijo Alexa-. Todo es culpa del trabajo y sumado a la mala noticia del robo hicieron que explotara.

-¿Estás segura Alexa? -preguntó Alison- Puedes tomarte unos días de descanso y organizar alguna cita con un psicólogo.

-No estoy loca Alison, estoy estresada, eso es todo -dijo Alexa-. Mejor... mejor déjenme sola. Necesito estar sola.

-Alexa tiene razón -dijo Juan Camilo-. Lo mejor es que la dejemos sola para que descanse y no la sigamos exasperando con nuestras preguntas.

-Antes de irme, Alison tiene razón Alexa -dijo Rosita-. Lo mejor es que te alejes unos días de +Sound, del ambiente laboral para que descanses.

-Te prometo que lo pensaré abuela -dijo Alexa-. Ahora por favor, les pido que me dejen sola.

Rosita, Alison y Juan Camilo salieron de la oficina de Alexa y una vez sola, ésta comenzó a sentirse frustrada.

-¿Por qué no dije nada? -se preguntó Alexa- ¿Ya ahora qué hago?

-¿Ya descubrieron quién robó los millones de la cuenta de la revista? -le preguntó Alison a Rosita una vez afuera.

-Aún no lo sé -respondió Rosita-. El detective Martínez debe estar revisando todavía las cuentas que tienen algunos empleados en el banco.

En ese momento, el D. Martínez se bajó del ascensor con los dos agentes de policía que lo acompañaban y se acercó a Rosita.

-¿Ya saben quién es el ladrón D. Martínez? -le preguntó Rosita muy angustiada.

-Ya revisamos las cuentas que tienen el banco algunos empleados de la revista -respondió el D. Martínez-. Sin embargo, en ninguna de las cuentas que revisamos encontramos los quinientos millones de pesos robados.

-¡Dios mío! ¿Pero cómo puede estar pasando esto? -dijo Rosita muy angustiada.

-Aún no pierda las esperanzas doña Rosita -dijo el D. Martínez-. Falta revisar las cuentas de sus tres nietos.

-A mí no me parece que sea necesario revisar nuestras cuentas -intervino Alison-. No tiene sentido, que nosotros siendo nietos de mi abuela le hayamos robado.

-Uno nunca sabe Alison -dijo Juan Camilo-. Hay personas que son capaces de todo por ambición.

-Yo no lo descarto Juan Camilo -dijo Alison-. Sólo decía que no tenía sentido y que era innecesario. De todos modos, el que nada debe nada teme y por eso no habrá ningún problema con que revisen nuestras cuentas, por lo menos yo no lo tendré.

-Pues siendo así, procedamos a revisarlas -dijo el D. Martínez.

-Vamos a mi oficina entonces -dijo Rosita-. Juan Camilo, ¿te importaría avisarle a Alexa?

-No abuela, no me importa, yo le avisaré -dijo Juan Camilo.

Mientras Alison, el D. Martínez y Rosita iban a la oficina de ésta última, llegó Estela Conde, quien al bajarse del ascensor, se sorprendió por el desorden que había en la revista.



-¿Qué es lo que está pasando aquí? -le preguntó Estela a Paolo.

-Robaron quinientos millones de pesos de la cuenta bancaria de la revista -respondió Paolo-. En este momento, hay un detective revisando las cuentas que tienen algunos empleados en el banco.

-¡Vaya! -exclamó Estela- Eso no lo sabía. Pues por mi parte, yo puedo jurar que no he robado nada, pueden revisar mi cuenta bancaria con toda confianza.

-No sé por qué tengo un mal presentimiento con ese robo -dijo Nicky-. Siento que algo malo va a pasar.

-¿Por qué lo dice señorita Nicky? -le preguntó Paolo.

-Es que no lo sé Paolo -respondió Nicky muy angustiada-. Es solo una sensación muy profunda. Las mujeres tenemos un sexto sentido y yo sé que este presentimiento no es precisamente bueno.

-Paolo, quería hablar contigo sobre algo muy importante -dijo Estela-. Te invito a un café. ¿Te parece?

-Doña Estela, de verdad discúlpenme, pero no sé -dijo Paolo inseguro-. Han pasado cosas muy fuertes entre usted y yo.

-Olvida eso, lo que tengo que hablarte es algo relacionado con tu preciada Alison -dijo Estela.

-¿Sobre la señorita Alison? ¿De qué se trata? -le preguntó Paolo.

-Es mejor que te lo comente en un lugar más cómodo -dijo Estela-. Vamos a la cafetería, te invito a tomar algo y te digo que pasa con ella.

En la oficina de Rosita, se encontraban presentes ella, Alison, Alexa, Juan Camilo y el D. Martínez. El detective se encontraba sentado, mirando en el computador portátil de Rosita una de las cuentas de los tres hermanos.



-¡Cálmate Alexa! -le susurró al oído Juan Camilo al ver el nerviosismo de Alexa.

-¿Cómo crees que me voy a calmar? -dijo Alexa también susurrándole disimuladamente- Están a punto de creer que Alison es la ladrona, por favor.

-Ya revisé la cuenta de sus nietos Alexa y Juan Camilo Castillo doña Rosita -dijo el D. Martínez-. Sólo hace falta revisar la de Alison Castillo.

-Alison, necesitamos entrar a tu cuenta -le dijo Rosita-. ¿Podrías colaborarle al D. Martínez dejándole ingresar con tu contraseña?

-Claro abuela -dijo Alison sonriéndole tiernamente, sin ni siquiera imaginarse nada. En la página para iniciar sección del banco, la muchacha escribió su nombre y su contraseña; acto seguido, dio clic en "entrar" e ingresó finalmente a su cuenta.

-Bien D. Martínez, puede revisar con toda confianza -dijo Alison.

El D. Martínez comenzó a revisar la cuenta bancaria de Alison con mucha concentración. Mientras Alexa se sentía sumamente nerviosa, Juan Camilo reía con picardía. En un momento dado, el D. Martínez miró sorprendido a todos los presentes.

-¿Qué pasa detective? -le preguntó Rosita- ¿Algo anda mal con la cuenta de Alison?

-Temo y lamento decirle mucho esto doña Rosita -dijo el D. Martínez-, pero su nieta, Alison Castillo es quien robó los quinientos millones de la cuenta de la revista.

-¿¡Qué me está diciendo!? -preguntó Rosita levantándose de la silla sumamente sorprendida, al igual que Alison quien quedó estupefacta al escuchar el detective.

En la cafetería de +Sound, Paolo se encontraba tomando un café con Estela.



-Bien doña Estela -dijo Paolo, al tiempo que tomaba asiento con Estela-. Ya estamos aquí, ¿de qué quería hablarme respecto a la señorita Alison?

-Bueno, es un poco complicado de decirlo -dijo Estela-, pero antes que nada quiero que sepas que solo lo hago por qué sé que hago bien.

-Sí, está bien -dijo Paolo-, pero adelante, dígame de que se trata.

-Es que ya me enteré de tu relación con Alison Castillo -dijo Estela-. Ya sé que los dos son novios y bueno, debo aceptar que yo ya soy una mujer de edad y no podré conseguir que te llegues a fijar en mí y…

-Doña Estela -le interrumpió Paolo-. El hecho de que usted ya sea una mujer de edad no quiere decir que se tenga que resignar a encontrar un buen hombre adecuado para usted. Al contrario, usted es una mujer muy hermosa y elegante y encontrar a alguien que la haga feliz de seguro no le será difícil en el futuro.

-Gracias Paolo -dijo Estela solloza-. No sé como pude haberte hecho tanto daño, porque sé que te lo hice obligándote durante tanto tiempo a hacer algo que no querías. Ahora me doy cuenta y créeme que estoy muy arrepentida. Espero que… algún día logres perdonarme.

-No se tiene que preocupar por eso -dijo Paolo tomándola de las manos tiernamente-. Desde este mismo instante, yo le perdono todo el daño que me hizo ¿y sabe usted por qué lo hago? Por que está aceptando su error y eso es lo que cuenta.

-Muchas gracias Paolo, de verdad gracias -dijo Estela, quien no pudo contener las lágrimas de emoción-. Yo… de verdad estoy muy apenada y me sorprende saber lo noble que eres. Eres un gran muchacho, no mereces que te hagan daño ni que arruinen tu felicidad.

-¿Lo dice por alguien en particular? -le preguntó Paolo, soltando las manos de Estela.

-Así es -respondió Estela-. Me refiero a Alexa y Juan Camilo Castillo. Ellos odian a Alison, por alguna razón están empeñados en hacerle la vida imposible, incluso la quieren separar de ti, no sé bajo que motivos.

-Bueno, pues eso de que la odian, lo han demostrado ellos mismos con la actitud que siempre tienen -dijo Paolo-, pero ¿por qué me quieren separar a mí de Alison? ¿Qué ganan con eso?

-No lo sé, no sé que motivos tienen -dijo Estela-. A lo mejor ellos tienen un plan que perjudica a Alison Castillo y te ven a ti como un obstáculo para llevar a cabo ese plan, aunque solo es una suposición. No lo sé, pero lo que iba a comentarte no es solamente eso.

-¿A no? -se sorprendió Paolo-. Pues entonces continúe.

-Es que… hace unos días -contó Estela- te vi a ti en un parque besándote con Alison Castillo, fue por eso que me enteré de que ustedes ya eran novios. Yo… les tomé unas fotografías sin que ustedes me vieran y al día siguiente se las entregué a Juan Camilo Castillo, aunque tenía pensado entregárselas a la señorita Alexa, pero no tuve oportunidad.

-¿Y por qué usted nos tomó unas fotografías y se las entregó a la señorita Alexa? -le preguntó Paolo.

-Lo hice por dos motivos -respondió Estela-. El primero era porque Alexa Castillo me estaba chantajeando con publicar un video en Internet en el que yo aparecía acosándote a ti si yo la ayudaba a separarte de Alison. Como ya te había comentado, ellos te quieren separar de ella. En cuanto al segundo motivo, lo hice porque aún estaba de mente cerrada y te quería recuperar, quería tenerte en mis manos como antes.

-¿Y qué hicieron con esas fotos? ¿Para qué las necesitaban? -preguntó Paolo.

-Se me ocurrió que con esas fotos, se podrían crear un escándalo falso sobre Alison Castillo que lograra separarte de ella -respondió Estela-. Juan Camilo Castillo dijo que vendería esa misma tarde las fotos a una revista para que las publicara, pero al parecer no lo hizo, porque no han salido publicadas dichas fotos.

-Doña Estela, ¿podría usted hacerme un favor? -le preguntó Paolo.

-Claro Paolo, haré lo me digas con tal de ir reparando mis malos actos -dijo Estela.

-Siendo así, ¿podría usted decirle lo mismo que me acaba de decir a la señorita Alison? -preguntó Paolo- Es que tengo una sospecha respecto a la señorita Alexa y al señor Juan Camilo de algo que pudieron haberle hecho a Alison, pero ella no me cree. Tal vez, si usted le dice esto, ella ya se convenza.

-Bueno, pues entonces podemos ir ahora mismo a hablar con ella -dijo Estela.

Entretanto, en la oficina de Rosita, había una gran tensión luego de haberse descubierto que el dinero robado estaba en la cuenta bancaria de Alison.



-Detective, usted debe estar equivocado -dijo Alison con la voz entrecortada-. Yo no he robado ningún dinero, jamás en mi vida lo he hecho, por Dios, créanme.

-Yo le creo a Alison D. Martínez -dijo Rosita muy agitada-. Ella es una muchacha muy honrada, trabajadora, no tiene ninguna necesidad de robarle a la revista.

-Pues lamento mucho insistir en lo mismo doña Rosita, pero los millones están depositados en la cuenta de su nieta -dijo el D. Martínez-. Casualmente, los quinientos millones de pesos fueron transferidos a la cuenta de Alison Castillo el día sábado a las 10:30 de la mañana, mismo momento en que otros quinientos millones de pesos fueron sacados de la cuenta de la revista.

-¡Por favor detective! ¡Yo no he robado nada! -dijo Alison muy alterada- Eso no es posible, por favor. Yo no tengo ninguna necesidad de robarle a la revista como dice mi abuela, por que para eso trabajo y gano un salario.

-Ya deja de hacerte la inocente que no te queda Alison -dijo Juan Camilo-. Es increíble como pudiste haberle robado a +Sound, que es casi como robarle a la abuela. ¡Qué decepción!

-Juan Camilo, ¿cómo puedes decir eso de mí? -preguntó Alison llorando- ¡Yo no he robado nada! ¿Cuántas veces debo repetirlo?

-Doña Rosita, yo sé que es muy decepcionante, pero si no quiero creerlo, véalo con sus propios ojos -dijo el D. Martínez indicándole que mirara la pantalla del computador. Rosita se acercó y cubrió su boca con ambas manos de la sorpresa.

-Abuela, debes creerme, no robé ese dinero -dijo Alison.

-¡Ya cállate Alison! -le gritó Rosita muy decepcionada- Esos millones que desaparecieron de la cuenta de +Sound están aquí en tu cuenta. ¿Por qué sigues fingiendo? ¿Cómo… cómo pudiste? ¿Cómo fuiste capaz de robarle a +Sound que como dice Juan Camilo es prácticamente lo mismo que robarme a mí?

-¡Pero yo no he robado ese dinero! -insistió Alison llorando desconsoladamente; Alexa miraba todo muy apenada- El momento en que ese dinero fue robado de la revista yo estaba con Paolo, aquí en +Sound buscando la memoria USB que perdí.

-Falta haber que el mayordomo no sea tu cómplice en todo esto -dijo Juan Camilo.

-¡Por favor Alison, no sigas mintiendo! -dijo Rosita también llorando- Primero, por tu culpa y tu irresponsabilidad no sale la edición de la revista y segundo, me causas esta decepción. Es que todavía no puedo consentir que hayas robado a la revista de tu abuela. ¡De tu propia abuela que soy yo! ¿Cómo puedes ser tan ambiciosa?

-No me digas eso, no lo merezco -dijo Alison con sus ojos inundados en lágrimas.

-¿Sabes qué? -dijo Rosita- Desde este mismo momento, ya no trabajas más en +Sound, quiero que te largues muy lejos de mi vida, quiero que te vayas de mi casa con todas tus pertenencias. ¡Lárgate Alison! ¡Lárgate antes de que…! -Y de repente, a Rosita le comenzó a faltar el aire y se llevó la mano al pecho, mientras hacía gestos de dolor, hasta que finalmente cayó al suelo desmayada.

-¡Abuela, abuela! -llamaba insistentemente Alison.

-¡Oiga detective! -le dijo Juan Camilo- ¡No se quede ahí parado! Llame una ambulancia que mi abuela va a estirar la tapa.

-¡Cállate Juan Camilo! -le gritó Alexa- No estamos para tonterías, la abuela está muy mal.

-Se necesita una ambulancia en la revista +Sound -decía el D. Martínez mediante el radio de comunicación-. Repito, se necesita una ambulancia en la revista +Sound. Una mujer ha sufrido infarto.

A los pocos minutos, la ambulancia llegó y dos paramédicos se estaban llevando a Rosita en una camilla ante la mirada curiosa de todos los empleados. Alison lloraba desconsoladamente, mientras que Alexa estaba sumamente angustiada. Nicky se acercó muy preocupada a Alison.



-¿Pero qué fue lo que sucedió Alison? -le preguntó Nicky- ¿Qué le pasó a doña Rosita?

-¡Ay Nicky! -exclamó Alison hecha un mar de lágrimas.

En ese momento, Paolo y Estela llegaron a aquél piso, viendo muy sorprendidos todo el alboroto. Paolo al ver a Alison llorando, se acercó apresuradamente a ella.



-Señorita Alison -le dijo-. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué se puso su abuela así?

-Está pasando algo horrible -respondió Alison-. Los quinientos millones de pesos que habían robado de la cuenta de la revista aparecieron en la mía y yo no sé como llegó ese dinero ahí, yo jamás lo tomé, ustedes lo saben bien.

-Claro que lo sabemos Alison -dijo Nicky tomándola de las manos-. Tú serías incapaz de robarle a la revista de tu propia abuela. No eres así.

-Lo mismo digo yo señorita Alison -dijo Paolo-. Usted es una persona muy honesta, trabajadora. Todo debe tratarse de una equivocación, de un error que pronto se aclarará, téngalo por seguro.

-Aquí no hay ningún error -se metió Juan Camilo-. Alison es una ladrona, por su culpa, a la abuela le dio un infarto por que la decepcionó. Alison no es más que una lacra.

-¡Ya cállese! -dijo Paolo sumamente furioso, al tiempo que tomaba a Juan Camilo de la camisa y lo estrujaba- ¿Cómo puede ser usted tan lamentable? ¿Cómo puede ser capaz de tratar a su hermana así?

-Joven, le sugiero que se calme o me veré obligado a intervenir -dijo el D. Martínez.

-Sé muy bien que esto que le está pasando a la señorita Alison es obra suya -dijo Paolo ignorando las palabras del detective-. Y ojalá le quede algo muy claro, si yo llego a comprobar que es culpable en todo esto, se va a arrepentir. ¿Me oye? ¡Se va a arrepentir!

-Paolo, por favor suelte a Juan Camilo -dijo Alison y Paolo soltó al atemorizado Juan Camilo.

-En todo caso, señorita Alison Castillo, a partir de este momento, usted está detenida -dijo el D. Martínez.

-¿Qué? -se sorprendió Alison- No, ustedes no pueden detenerme, yo soy inocente, por Dios, créanme.

-Detective Martínez -intervino Alexa-. Usted no puede detener a Alison. Quien debe encargarse de levantar cargos contra ella es mi abuela y por razones que usted ya conoce, mi abuela no está en disposición de hacerlo.

-¿Qué sugiere entonces usted señorita Alexa? -le preguntó el D. Martínez.

-Que esperemos a que mi abuela tome la decisión final cuando se recupere -respondió Alexa-. Por el momento, agradezco que nos haya prestado su servicio.

El detective Martínez se retiró y justo cuando subió al ascensor, Frank se bajó y se sorprendió al ver todo lo sucedía.



-¿Pero… qué fue lo que pasó aquí? -preguntó acercándose a Alison, quien se encontraba al lado de Nicky y Paolo.

-Pasa que se descubrió que Alison robó una gran cantidad de dinero a la revista -respondió entrometidamente Juan Camilo.

-Usted bien sabe que eso no es así -le dijo Nicky a Juan Camilo-. Alison ha sido mi amiga por muchos años y la conozco mejor que ustedes que son sus hermanos.

-Los hechos son hechos -le contradijo Juan Camilo-. La misma abuela vio el dinero en la cuenta bancaria de Alison, incluso le dio un infarto y se la acaban de llevar para el hospital. ¿Para qué seguir defendiéndola?

-Le sugiero que se calle, señor Juan Camilo -dijo Paolo-. Le juro que si lo hace, perderé los estribos completamente con usted.

-Yo creo que… mejor me voy a mi oficina -dijo Juan Camilo-. Si pasa algo nuevo, avísamelo Alexa -Y se fue finalmente para su oficina.

-Frank, nada de lo que dice Juan Camilo es cierto -dijo Alison-. Tú me conoces desde niña, sabes muy bien como soy.

-Yo no estaría tan seguro de eso -dijo Frank-. Después de todo, muchas veces uno no termina de conocer a la gente.

-Pero Frank… ¿cómo puedes estar diciendo eso? -preguntó Alison sorprendida.

-Lo digo porque caras vemos, corazones no sabemos -respondió Frank-. A lo mejor se te metió el demonio de la ambición y no dudaste en robarte el dinero de la revista.

-Señor Frank -intervino Alexa-. Es cierto que encontramos el dinero robado en la cuenta de Alison, pero aún falta hacer unas investigaciones y es recomendable no estar juzgando hasta que no se tenga nada claro.

-¿Pero de qué otra manera iba aparecer ese dinero en la cuenta de Alison? -dijo Frank- ¿Acaso llegó ahí por sí solo? ¡Claro que no! Alguien lo hizo y ese alguien es la propietaria de la cuenta donde apareció el dinero.

-No lo puedo creer Frank -dijo Alison-. Me conoces hace más de diez años, has visto como soy. No sabes como me duele saber que piensas así de mí a estas alturas de la vida.

-¡Por favor Alison! ¡No seas melodramática! -exclamó Frank.

-Melodramática no -dijo Alison-. Ahora me doy cuenta de como eres en verdad. No solo te dejas envenenar de algo que no es cierto, si no que tú también eres un envenenador. Siempre estás sembrando cizaña en toda parte, dices cosas que no te incumben. ¡Eres un chismoso!

-¡Alison! Compórtate -dijo Frank muy sorprendido- Ya verás como te arrepientes de lo que me estás diciendo. Además, la que está destapándose verdaderamente aquí eres tú. ¿Dónde está quedando tu educación? Creo que las malas compañías te están dañando querida.

-¿Se refiere a la señorita Nicky y a mí? -preguntó Paolo.

-Paolo, no vale la pena seguir discutiendo -le paró Alison-. Alexa, iré al hospital en el que se encuentra la abuela. No dudes en llamarme si pasa algo más aquí en +Sound.

-No te preocupes Alison -dijo Alexa-. Yo iré más tarde también al hospital.

Alison se retiró de allí en medio de una gran decepción, tristeza y enojo. Subió al ascensor, acompañada por Paolo y Nicky, quienes eran su único apoyo en aquél momento.

-De verdad que no lo puedo creer -le dijo Frank a Alexa-. ¿Pero qué le pasa a Alison? Si sigue siendo amiga de esos dos, no pasará un mes para que se convierta en una perdida y una marginal. Hasta ellos serían los que influenciaron a Alison para robar esa plata.

-Piense lo que quiera señor Frank -dijo Alexa-. Creo que Alison no estaba muy equivocada cuando dijo que usted no era más que un envenenador y un chismoso -Y se retiró molesta para la oficina de Juan Camilo.

-¡Uy! ¿Pero qué será lo que le pasa a todo el mundo conmigo hoy? -se preguntó Frank.



-¡Lo que acabó de pasar fue la tapa Juan Camilo! -exclamó Alexa entrando a la oficina de su hermano, quien se encontraba sentado en su silla con los pies puestos sobre el escritorio.

-Sí vas a tener otra crisis nerviosa, sal de mi oficina -dijo Juan Camilo.

-¿Perdón? -se sorprendió Alexa- ¿Me estás hablando a mí de esa manera?

-¿Hay otra persona a parte de tú y yo en esta oficina? -preguntó Juan Camilo.

-Mira Juan Camilo -dijo Alexa.

-Mira nada -le cortó Juan Camilo levantándose de su puesto molesto-. Podrás ser mi hermana mayor, pero eso no te da ningún derecho a controlarme. Yo ya soy un hombre mayor y hago lo que se me venga en gana.

-¿Pero a ti qué demonios te pasa? -le preguntó Alexa- ¿Por qué hablas de esa manera? ¿Te volviste loco o qué? En este momento la abuela se está muriendo porque ella cree que Alison es la culpable del robo. ¿Es que acaso no ves la magnitud de hasta donde llegó todo este montaje?

-Claro que la veo -dijo Juan Camilo-. Pero según tú, ¿qué me tengo que poner a hacer? ¿Echarme a llorar por que la abuela se está muriendo porque está creyendo algo que no es cierto? No Alexa, de ahora en adelante las cosas van a cambiar en general.

-¿A qué te refieres con eso? -le preguntó Alexa.

-Ya sacamos a Alison de +Sound -respondió Juan Camilo-. Ahora hay que encargarnos de la abuela aprovechando su repentino infarto. No nos conviene que vuelva aquí. Tenemos que ayudarla a causarle un coma, que no la haga levantar de su cama durante años.

-Te oigo y me parece increíble -dijo Alexa muy sorprendida-. ¿Cómo se te puede cruzar por tu hueca cabeza que le causemos un coma a la abuela? ¡Por Dios! ¿Qué te pasa?

-No me pasa nada -dijo Juan Camilo riendo malévolamente-. Solo estoy harto de esperar y esperar a que todo me pertenezca. Ya quiero tener el poder en mis manos y si no te piensas aliar a mí, tienes el camino libre para hacer lo que te venga en gana.

-¡Estás loco! -le gritó Alexa- Ni creas que todo te va a salir así de fácil. No voy a permitir que le hagas eso a la abuela. Soy capaz…

-¿Capaz de qué? -le preguntó Juan Camilo.

-Soy capaz de denunciarte y contar como fue que sacamos a Alison de +Sound -respondió Alexa con decisión.

-¡Atrévete y verás también de lo que yo soy capaz! -dijo Juan Camilo entre los dientes- ¡Ya estás advertida!

Alexa salió de la oficina de Juan Camilo con varios sentimientos encontrados: arrepentimiento, tristeza, sorpresa, pero sobretodo con mucho temor ante lo que estaba planeando su hermano, a quién desconocía por completo.

-Tengo que solucionar esto -se dijo Alexa muy agitada-. Tengo… tengo que confesarle todo a Alison. Debo ir al hospital.

En el hospital al que habían llevado a Rosita, Alison se encontraba yendo de un lado para otro en la sala de esperas, acompañada por Paolo y Nicky.



-¿Por qué el doctor no sale? -preguntó Alison muy impaciente- ¿Cómo estará mi abuela?

-Cálmate Alison -dijo Nicky-. Tienes que ser paciente. En cualquier momento, el doctor saldrá a darnos noticias.

-La señorita Nicky tiene razón -dijo Paolo-. Tiene que calmarse o a usted también le va a dar algo.

-Es que estoy muy preocupada -dijo Alison-. No entiendo como en un solo día han podido pasarme tantas cosas. No sale la edición de la revista por mi culpa, me culpan de un robo que no cometí y para ajustar, a mi abuela le da un infarto.

En ese momento llegó Alexa al hospital.



-¿Cómo sigue la abuela Alison? -le preguntó directamente Alexa a su hermana.

-No lo sé Alexa -respondió Alison con la voz entrecortada-. El doctor no sale para darnos noticias. Hace dos horas estamos aquí y nada.

-Tienes que tener paciencia -dijo Alexa-. Tenemos que tener paciencia, porque de otra manera nos vamos a terminar enfermando de la preocupación.

-Lo mismo le estamos diciendo nosotros -dijo Paolo-, pero ella no hace caso y tampoco ha querido comer nada.

Justo en ese momento, salió el doctor de la sala de urgencias. Todos se le acercaron preocupados y con rapidez.

-¿Cómo sigue mi abuela doctor? -le preguntó Alison- ¿Está muy grave?

-Ya no se tienen que preocupar -respondió el doctor-. Doña Rosita se encuentra fuera de peligro por suerte. Sufrió un pre-infarto, pero como les digo, gracias a Dios ya está mejor y la trasladaremos a otra habitación para mantenerla en observación unos días.

-¿Podemos verla doctor? -le preguntó Alexa.

-Sí, pero es preferible que sólo pase a verla una persona -dijo el doctor-. Ahora debo atender otro paciente. Con permiso -Y se fue.

-Yo quiero entrar a verla -dijo Alison.

-Alison, yo creo que no es prudente que veas a la abuela -dijo Alexa-. No aún, hasta que esté recuperada por completo. Recuerda que el infarto se dio debido al disgusto que tuvo contigo hace unas horas.

-Tienes razón -convino Alison-. Pero por favor Alexa, intenta convencerla de que desista de esa idea de que yo le robé a +Sound, por favor. Yo haré lo posible por aclarar todo, investigaré como llegó ese dinero ahí. Díselo por favor.

-No te preocupes Alison, yo le diré -dijo Alexa dirigiéndose a la habitación en la que había sido trasladada Rosita.

Una vez entró a la habitación del hospital, Alexa encontró a Rosita con los ojos cerrados. Con el ruido del cerrar de la puerta, Rosita abrió los ojos y miró a su nieta.



-Hola abuela -le saludó Alexa sonriéndole tiernamente-. ¿Cómo te sientes?

-Pues me siento un poco cansada -respondió Rosita-, pero estoy bien. Sólo me siento mal espiritualmente. Aún… no puedo creer que Alison le haya robado a la revista.

-Abuela, yo creo que estás siendo un poco injusta con Alison -dijo Alexa-. Tú sabes muy bien que ella es una buena muchacha. Tenemos que estar seguros antes de juzgarla.

-No la defiendas Alexa -dijo Rosita-. Yo misma vi ese dinero faltante de la cuenta de +Sound en la cuenta de Alison. Hay horarios determinados, no se necesita aclarar nada.

-Aún así, ella me dijo que hará lo posible por averiguar como llegó ese dinero a su cuenta -dijo Alexa-. ¿Por qué Alison estaría diciendo eso si en realidad lo robó? ¿Por qué no le das una oportunidad para escucharla? ¿Quieres que le diga que venga? Está en la sala de espera.

-¿Esa descarada está aquí en el hospital? -se sorprendió Rosita.

-Sí y está muy preocupada por tu salud -dijo Alexa.

-Pues no quiero hablar con ella -dijo Rosita molesta-. Dile que se vaya, no la necesito aquí. Más bien, escúchame con atención. Quiero que te encargues de todo mientras yo no pueda. Quiero que Alison se vaya de la casa con todas sus pertenencias, no la quiero viviendo en mi casa. Encárgate también de darle su liquidación porque tampoco quiero que siga trabajando en +Sound.

-Abuela, yo no puedo hacer eso -dijo Alexa-. Alison no tiene a donde ir.

-Eso no me importa -dijo Rosita-. A ella tampoco le importó robarle a mi revista, así que por favor Alexa, haz lo que te pido. A parte de eso, no se les olvide volver a trasladar los quinientos millones de pesos a la cuenta de la revista. De ese dinero, depende que +Sound siga publicándose, además Alexa, a partir de este momento te nombro como mi sucesora en la revista, te paso la propiedad a tus manos. Cuando salga de aquí, te daré el documento que te dará el poder para que +Sound sea tuya.

-¿Cómo? -se sorprendió Alexa ante lo que oía de Rosita.

Ya había caído la noche sobre la ciudad. Alexa y Alison, ésta última acompañada todavía por Paolo y Nicky acababan de llegar a la casa Castillo. Entrando a la sala, Alexa dirigió muy seriamente su palabra a Alison.



-Alison, yo… tengo que decirte algo muy importante -dijo Alexa.

-¿De qué se trata? -preguntó Alison- ¿Es sobre la abuela? ¿Pasó algo con ella que no me dijiste en el hospital?

-Alison, la abuela, está bien -dijo Alexa-. Lo que tengo que decirte es algo que ella me encargó especialmente a mí a cerca de ti.

-¿A cerca de mí? -se sorprendió Alison- Habla claro Alexa, me estás preocupando.

-La abuela quiere que te vayas de la casa -respondió Alexa, al tiempo que a Alison se le saltaron las lágrimas-. Quiere que te vayas de esta casa con todas tus pertenencias y también quiere que no sigas trabajando en +Sound. Lamento mucho decírtelo, pero es algo que ella por su condición me encargó y bueno…

-No te preocupes Alexa -dijo Alison limpiando sus lágrimas-. Si la abuela te encargó eso, tú debes hacerlo y yo obedeceré. Si la abuela quiere que me vaya tanto de esta casa como de +Sound, me iré. Es más, esta misma noche me iré de aquí.

-No tienes que irte precisamente ya -dijo Alexa-. Puedes irte mañana.

-No, de verdad, muchas gracias por tu intención, pero no -se negó Alison-. Yo tengo que irme de esta casa, no tiene sentido que me quede solo por unas horas. Mejor iré a hacer mis maletas. Eh… ustedes… ¿podrían esperarme? -les dijo a Paolo y Nicky.

-Claro señorita Alison, nosotros la esperaremos -dijo Paolo y Alison se retiró para empacar su ropa y pertenencias-. Con todo el respeto señorita Alexa, pero no me parece justo que la señorita Alison deba irse de aquí, ella no tiene a donde ir.

-Pues créame Paolo que a mí tampoco me parece justo -dijo Alexa-. ¿Usted cree que para mí es muy cómodo decirle a mi hermana que debe irse de su casa? Claro que no. Yo solo estoy cumpliendo con la voluntad de mi abuela que es esa y no puedo hacer nada.

-Pero ella no tiene a donde ir -dijo Paolo.

-Paolo, ya oyó a Alexa -dijo Nicky-. Ella solo está cumpliendo con lo que doña Rosita le encargó y no puede hacer nada porque esa es su voluntad. Alison puede venir a mi apartamento, con usted, claro.

-¿De verdad haría eso señorita Nicky? -le preguntó Paolo- Yo no quiero causarle molestias a usted. Lo importante es que la señorita Alison tenga estadía.

-No, no sería ninguna molestia que usted también se quedara -dijo Nicky-. Alison lo necesita a usted a su lado.

-Muchas gracias… Nicky -dijo Alexa-. Para Alison, su apoyo y el de Paolo son muy importantes en este momento tan duro para ella.

-No solo depende de nosotros Alexa -dijo Nicky-. El apoyo también debe dárselo su familia, que son ustedes. ¿Entiende? Independientemente de eso, no tiene que darme las gracias. Alison es mi mejor amiga y lo ha sido durante muchos años. Ella me ha ayudado a mí en momentos difícil, ahora me corresponde ayudarle a ella por la situación que atraviesa.

Minutos después, a las afueras de la casa, Paolo y Nicky esperaban a Alison en el auto. La joven traía una maleta con todas sus pertenencias dentro y estaba despidiéndose de Alexa en la puerta.

-¿Entonces si quieres irte ahora mismo? -le preguntó Alexa.

-Sí Alexa -respondió Alison con la voz entrecortada-. ¿No es eso lo que quiere mi abuela? Pues le obedeceré. En cuanto a mi trabajo, no tienes que preocuparte. Mañana será el último día que vaya sólo para recoger mis pertenencias y… mi liquidación. De paso, podremos trasferir los quinientos millones de pesos de mi cuenta a la cuenta de +Sound.

-Está bien -dijo Alexa-. Te prometo que haré lo posible por… convencer a la abuela y…

-No tienes que hacerlo Alexa -dijo Alison-. Perderás tu tiempo. La única manera en que la abuela crea en mi inocencia será cuando yo misma tenga los recursos y haya aclarado todo. Sólo de esa manera me creerá.

-Espero que pronto todo se aclare -dijo Alexa-. Yo creo en ti Alison, yo sé que tú no robaste ese dinero.

-Gracias Alexa -dijo Alison solloza y repentinamente, abrazó a Alexa, quién tampoco pudo contener las lágrimas. Cuando ambas hermanas se desprendieron del abrazo, Alison le sonrió, fue y subió al auto con Paolo y Nicky en los asientos de atrás. El auto arrancó y Alexa se quedó llorando.

-Perdóname Alison -dijo Alexa-. Perdóname cuando sepas toda la verdad, porque eso haré mañana, contarlo todo, opóngase quien se oponga.

Cuando Alison, Paolo y Nicky llegaron al apartamento de ésta última, ingresaron.



-Bien, ya estamos aquí -dijo Nicky-. No es muy grande, pero espero que puedan sentirse cómodos. Eh… Paolo, solo hay dos habitaciones. La mía y en la que Alison dormirá. ¿Le molestaría dormir en el sofá?

-No, claro no señorita Nicky -dijo Paolo sonriéndole-. A comparación con otros lugares en los que he dormido, ese sofá debe ser muy cómodo.

-Nicky, yo estoy algo cansada -dijo Alison muy desanimada-. Me gustaría irme a dormir ahora mismo.

-Claro Alison -dijo Nicky-. Tu cuarto sería el que queda al frente del mío. En momentos iré contigo.

-Está bien -dijo Alison retirándose al fondo del apartamento para ir a su cuarto.

-Paolo, ¿no se supone que usted tenía una cita con Penélope? -le preguntó Nicky.

-¡Pero claro! -cayó en cuenta Paolo e inmediatamente sacó su celular del bolsillo y miró la pantalla- Mire nada más, tengo quince llamadas perdidas. De seguro deben ser de ella.

-¿Y entonces que piensa hacer? -le preguntó Nicky- Si no acude a esa cita, no logrará grabar nunca la confesión de Penélope.

-Yo lo sé, pero no puedo dejar a Alison así -dijo Paolo-. Tendré que inventarle alguna excusa a Penélope y cuadrar otra cita en otro día.

-Por favor Paolo, usted no conoce a Penélope -dijo Nicky-. Cuando a ella le hacen un desplante como el que usted le está haciendo, no da segundas oportunidades.

-¿Pero entonces qué puedo hacer? -le preguntó Paolo y ambos se quedaron pensativos un breve momento.

-¡Ya sé! -exclamó Nicky- Yo seré quien acuda a su cita.

-¿Usted? -se sorprendió Paolo.

-Sí, yo -respondió Nicky-. Iré a donde usted la citó y fingiré que se trata de una casualidad. La invitaré a tomar unos tragos con la excusa de que le quiero pedir disculpas por la pelea que tuvimos y finalmente, haré me confiese todo, mientras la grabo.

-Me parece una perfecta idea -dijo Paolo-. Muchas gracias.

-No tiene que darme las gracias Paolo -dijo Nicky-. Usted y Alison son mis amigos y como ello, les ayudo en las buenas y en las malas. Pero eso sí, usted también tiene que poner de su parte. Aproveche que se va a quedar solito con Alison -Y le guiñó un ojo pícaramente.

-¡Pero…! -dijo Paolo sumamente sonrojado.

-Pero nada -le cortó Nicky riendo-. Yo me voy ya para el parque en el que debe estar Penélope antes de que se vaya. Usted se queda aquí con Alison, cuídela mucho -Y se fue riendo de su apartamento, al tiempo que cerraba la puerta.

En ese momento, Alison vino y se extrañó al no ver a Nicky.

-¿Paolo, dónde se metió Nicky? -preguntó Alison- Dijo que estaría conmigo en momentos y no ha venido.

-Eh… ella salió -respondió Paolo.

-¿Salió? -se sorprendió Alison- ¿Pero a dónde y a estas horas?

-No lo sé señorita Alison -dijo Paolo-. Cuando usted se fue a su cuarto, ella repentinamente me dijo que se acordó de una cita que tenía y se fue, pero por favor no vaya a pensar mal de ella por haberla dejado.

-No Paolo, ¿cómo cree? -dijo Alison- Ya Nicky ha hecho suficiente por mí al acompañarme todo el día y al dejarme quedar en su apartamento. ¿No cree que esté haciendo mucho frío?

-¿Frío? -preguntó Paolo- Bueno, de por sí hace frío siempre esta ciudad.

-Sí, es cierto, pero siento que hoy está más intenso -dijo Alison intentando calentarse con sus manos-. ¿Sabe? Creo que necesito tomar algo… Vino, sí, eso estaría bien.

-Señorita Alison con todo el respeto, pero usted no debería tomar -dijo Paolo-. Esa no es la manera de quitarse el frío.

-No es solamente por el frío Paolo -dijo Alison-. También es por todo lo que me ha pasado hoy. Yo necesito desahogarme de alguna manera y no lo voy hacer llorando. Ya he llorando lo suficiente, pero aún… está ese peso en mi corazón.

-Pero tomando licor no es la manera de desahogar las penas -insistió Paolo.

-¡Déjeme Paolo! -dijo Alison solloza- Si yo veo en el licor la manera de desahogarme, sólo… déjeme.

En la casa Castillo, Alexa se encontraba mirando pensativa por la ventana de la sala y en esas, llegó Juan Camilo.



-¡Aún despierta! -exclamó Juan Camilo.

-¿Se puede saber tú donde estabas? -le preguntó Alexa- ¿Por qué llegas a esta hora?

-¿Pero tú quien te has creído para regañarme por lo hago? -le preguntó Juan Camilo- Yo soy dueño de mi vida, además, no estaba haciendo nada malo, sólo celebraba que las cosas nos funcionaron como queríamos.

-Alison se fue hace unas horas de la casa -dijo repentinamente Alexa-. Cuando estaba en el hospital, la abuela me dijo que no la quería viviendo aquí y me encargó que se lo dijera a ella.

-¿De verdad? -se sorprendió Juan Camilo- ¡Vaya! Me imagino que también la despidió de +Sound ¿no?

-Sí, eso también me lo encargó y ya se lo dije a Alison -respondió Alexa-. Mañana ella debe pasar por su liquidación y para recoger las cosas que tiene en su oficina. De paso hay que volver a transferir la plata que "supuestamente" ella robó a la cuenta de +Sound.

-¿Y no hay nada más que debas contarme respecto a eso? -le preguntó Juan Camilo.

-Sí, hay algo más -dijo Alexa en medio de un suspiro-. La abuela me nombró en el hospital como su sucesora en la revista. En pocas palabras, soy la nueva propietaria de +Sound.

-¡Síiiiiiiiiiiiiiiii! -dijo Juan Camilo muy emocionando- ¡Por fin! ¡Por fin! Después de tantos meses, por fin lo logramos. Ahora tendremos los privilegios que tanto hemos deseado, muchísima más plata, carros, lujos… ¡Todo lo tendremos! ¡Esto también hay que celebrarlo! ¿Qué quieres tomar?

-¡No quiero tomar nada! -le gritó Alexa- Mejor me voy a dormir porque no te aguanto, no aguanto las palabras que salen de tu sucia boca -Y se fue molesta para su cuarto.

Entretanto, en el apartamento de Nicky, Alison se encontraba en pijama, sentada en el sofá más grande y tomando vino en una copa, mientras lloraba. En ese momento, llegó Paolo y le arrebató la copa de vino.



-¡Ya basta por favor señorita! -le dijo Paolo- ¿Por qué insiste en hacerse más daño? Porque eso es lo único que el licor le causa: más dolor.

-Paolo, ¿por qué no entiende que así me estoy desahogando? -dijo Alison levantándose- ¿Por qué no me deja?

-Porque no es conveniente para usted -respondió Paolo-. Mejor deje de tomar y váyase a dormir. Tiene que levantarse mañana con la mente despejada.

-¡Ya no importa! -dijo Alison llorando amargamente- Todos los empleados de +Sound piensan que yo soy una ladrona, mi abuela y mi hermano lo piensan. Estuvieron a punto de arrestarme si Alexa no hubiera intervenido y de seguro mañana va a aparecer en primera plana: "Alison Castillo resultó ser ladrona de la propia revista en la que trabaja".

-Pues con todo el respeto, pero está siendo una cobarde -dijo Paolo-. Está refugiándose en el alcohol por olvidarse de sus problemas, eso sólo lo hace una persona cobarde -Y Alison se quedó sin que decir ante las palabras de su mayordomo, ya que aunque no lo quería aceptar, sabía en el fondo que era la verdad.

En un momento dado, repentino, Alison tomó a Paolo de la cabeza y lo besó. Paolo no dudó en corresponderle, pero en pocos segundos, Alison se desprendió.

-Lo siento -se disculpó susurrando muy agitada y avergonzada, pero Paolo, mirándola fijamente fue esta vez quien la besó con mucha pasión.

Alison correspondió y fundidos en aquél beso y con gran rapidez fueron dirigiéndose a la habitación. En el corredor, se detuvieron, aún besándose, donde Paolo corrió a Alison contra la pared y apretándola con sus manos del trasero, besaba con pasión desmedida el cuello de la joven y sus pechos. Al tiempo que lo hacía, Alison desabotonó con rapidez la camisa de Paolo y mientras continuaban dirigiéndose a la habitación, él terminó de quitársela. Luego de que entraron, liados por el deseo y en medio de apasionados besos, continuaron desvistiéndose, iluminados por la luz luna que entraba en aquella habitación.




Y tú mirada...
Me corta la respiración...
Me quema el alma...
Y me acelera el corazón
Pierdo el control

Tengo todo para arriesgar
Siento que no puedo esperar
Llévame en tus sueños
Y no me dejes hasta el final
Tu mirada caí en mi piel
Y me va quemando otra vez
Cuando te desatas
Ya no se que viene después


Por otra parte, Penélope se encontraba en un parque, esperando aún a Paolo muy ansiosa y mirando el reloj de su muñeca repetidas veces. En ese momento, Nicky llegó y la sorprendió por detrás.



-¡Penélope! -exclamó Nicky- ¿Pero qué haces aquí? ¿Esperas a alguien?

-¿Yo? ¿Esperar a alguien? -preguntó Penélope- No, sólo… salí a dar un paseo por que estaba necesitada de aire. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?

-Tú lo sabes mejor que yo -dijo Nicky-. ¡Salí a divertirme! Como siempre. Ya conoces lo rumbera que soy.

-Sí, es verdad -dijo Penélope muy distraída- ¡Ay! ¿Sabes Nicky? La verdad es que si estoy esperando a alguien, pero no llega. ¿Por qué será?

-A lo mejor te vio la cara -dijo Nicky riendo-, pero no te preocupes. No tienes que amargarte la noche por eso. ¿Por qué mejor no me aceptas una invitación a bailar?

-¿A bailar? -se sorprendió Penélope- Creí que estabas con ganas de matarme, o bueno, así lo estabas esta mañana.

-¡Olvida eso! -exclamó Nicky- Yo ya lo olvidé y te quiero pedir disculpas por mi mal comportamiento hacia a ti. Por eso acéptame la invitación a bailar, como una disculpa. Vamos.

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